El parálisis por análisis no existe.
Mejor dicho, cuando me paralizo en tomar una decisión no es por el análisis.
Aprender cómo no paralizarme es de las cosas que más me ha cambiado la vida y la he ido entendiendo más conforme voy tomando más decisiones — buenas y malas — y logro avanzar más hacia la vida que quiero vivir.
El parálisis por análisis no existe porque la razón por la que no tomamos una decisión no es el análisis. El análisis lo hacemos increíblemente bien. Sabemos analizar riesgos, sabemos entender los beneficios y costos. Cuando nos sentamos a realmente analizar una decisión, hacemos un trabajo excepcional.
El parálisis no viene por el análisis. 9 de cada 10 veces hacemos un análisis épico y sabemos cuál es el mejor decisión e igualmente no la tomamos.
¿Qué está pasando?
Solo porque algo rima no significa que sea correcto.
Esta frase se hizo famosa porque es fácil de recordar, rima, suena bien. Además, se siente real: "claro, yo no logro pasar el análisis entonces debe ser el análisis lo que me está frenando de tomar decisiones".
Esta frase le pone el peso de la culpa de nuestra indecisión a la parte que sí hacemos bien: analizar. Y no sólo eso, nos hace sentir que si queremos tomar decisiones la solución es no analizar tanto. ¡Jamás! ¡Qué peligroso!
No queremos tomar decisiones solo porque decidimos no analizarlas y "que pase lo que pase". Lo que queremos es poder hacer el análisis y después poder comprometernos a la decisión.
El análisis lo hacemos perfecto, lo que nos falta es desarrollar la habilidad de tomar ese análisis, tomar la decisión y comprometernos a accionarla.
Aprendí a ver mis decisiones como 2 etapas diferentes:
Me di cuenta que no me estaba pegando en la Etapa 1, sino en la Etapa 2.
No existía un Juan Líder que tomara todo el análisis épico que habían hecho Juan Analista y se comprometiera a un camino.
Claro, no me había nunca quitado el sombre de analista/explorador. El analista quiere seguir analizando. Nunca puede tomar una decisión porque ese no es su trabajo, su trabajo es analizar y resulta, además, que seguir analizando es la excusa perfecta para no tener que pasarle el trabajo al Juan Líder para que decida.
Nunca iba a poder tomar decisiones si seguía siendo el analista, tenía que convertirme en la otra persona.
Esa persona es difícil de ser.
El Líder no sólo tiene que escoger, decidir y planificar la ejecución sino que tiene que tomar responsabilidad por los resultados de esa decisión. No estamos acostumbrados a eso. En la mayoría de cosas de nuestra vida siempre hay alguien más decidiendo, aunque sea parcialmente, o tenemos una receta o guía que usamos, aunque no sea real.
¡Pero ser Líder es épico! El Líder es el que define el rumbo tomando en cuenta lo que es bueno para todos y para el largo plazo. El Líder es el que se asegura que los recursos disponibles se re-direccionen en esa nueva dirección, el Líder quita los obstáculos del camino para que todos puedan avanzar, el Líder es el que se asegura que haya una visión y motivación clara.
Nos da miedo ser el Líder porque nos da miedo tomar una decisión sin estar seguros lo que va a pasar.
"Most people prefer the certainty of misery to the misery of uncertainty." — Virginia Satir
Creemos que el Líder tiene que responder ante resultados malos si los hay, pero no. El Líder sólo tiene que asegurarse de que se hizo todo lo posible por ejecutar la decisión que se tomó de acuerdo al análisis, no tiene que responder por los resultados.
🤓 Lectura adicional: Cómo lidiar con tener malos resultados.
La vida se vive en la Etapa 2. La vida se vive siendo el líder que ejecuta y toma decisiones. Cada vez que estamos en la Etapa 1 en modo analista estamos en pausa. Y eso no es malo per se, pero no estamos acercándonos a la vida que queremos vivir.
"The most expensive tax is not from the government, it’s an unmade decision." — Dickie Bush
Una de las cosas que me ayudó a estar cómodo en esa Etapa 2 de ser Líder de mi vida es quitarle el peso a la decisión en sí y ponerle peso a la acción y revisión.
Aprendí que si las opciones de decisión todas se alinean a mi Diseño de Vida, puedo asegurar que cualquiera va a salir bien — siempre y cuando el Líder lidere.
"Don't worry about making the right decision. Worry about making the decision right." — Ellen Langer
Uno se da cuenta que aunque tome la mejor decisión en papel que analizó el Analista, la vida siempre tiene otros planes. Hay imprevistos impredecibles, hay cambios personales, hay obstáculos que pudimos predecir pero no superar. La decisión no es lo que importa, es si realmente dedicamos los recursos, las acciones y la energía a ejecutarla.
En julio del año pasado fui a visitar una finca en Cóbano, Puntarenas donde don jose tiene abejas y produce miel. Fue fascinante, las abejas son criaturas impresionantes. Dentro de las muchas cosas que parecen magia, está cómo buscan comida.
Las colonias tienen abejas exploradoras que salen a buscar nectar. Cada una se va a un lugar diferente y vuelven al panal a comunicar lo que encontraron. Estas abejas son las analistas — le dicen a la Reina cuánto nectar había y cuán dulce era. La Reina toma una decisión y lidera a todas las abejas en la dirección escogida.
De eso depende que una colonia viva o muera — que encuentre la comida con los nutrientes correctos en las cantidades correctas. A veces no sale bien, pero la única manera de saber es decidir y movilizar a toda la colonia en esa dirección.
Las abejas no se paralizan por la gravedad de la decisión. Hacen un muy buen análisis, se lo entregan a su líder que toma una dirección y re-direcciona todos los recursos a esa decisión.
Nosotros ya estamos haciendo la mitad del trabajo increíblemente bien: el análisis. El parálisis está cuando tenemos que comprometernos a una decisión y poder direccionar los recursos a ejecutar el plan.
La única manera de acercarnos a la vida que queremos vivir es poder comprometernos a las decisiones que nos alinean a nuestro Diseño de Vida con todos nuestros recursos y energía a mediano/largo plazo. Pero también comprometernos a tener paz y confianza en que podemos hacer que esa decisión sea la correcta.
Cuando fallamos, la mayoría de veces no es porque tomamos una decisión correcta. Fallamos porque no decidimos o sí decidimos pero no nos comprometimos.
Si tomamos el análisis épico que ya estamos haciendo y le sumamos convicción, curiosidad y energía no podemos fallar.
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